3 de febrero de 2013

III

- ¡Niña! ¿Dónde está esa cerveza? ¡No tengo todo el día! - El soldado golpeó con fuerza la mesa de roble, haciendo temblar los vasos de toda la taberna.

Los llamaban los Oscuros, soldados y vasallos del Emperador Wern que habían minado hasta el último rincón de Vernalia con sus rutilantes armaduras teñidas de tizón y de la sangre de los resistentes.
Se habían instalado en los cuarteles o tomado posesión de algunas viviendas, tomando el control de todas las ciudades, exceptuando los pueblos más pequeños y aislados, del norte del reino. Habían cortado el paso de algunos caminos y restringido las rutas comerciales imponiendo impuestos en algunas zonas y a la entrada de las grandes ciudades. En los últimos 10 años la miseria se fue propagando por el reino, y con ella la debilidad y la desesperanza.

Lilly tragó con fuerza, pero la rabia se aferró a su garganta y se mordió el labio mientras llevaba la jarra de cerveza a la mesa.

- Aquí tiene - Lilly dejó la jarra en la mesa y se dio media vuelta, pero el soldado se levantó de un salto, la agarró por el brazo y la atrajo hacia sí.

- ¿Dónde te crees que vas? Estas no son formas de servir al Imperio - El soldado sacó una daga del cinto y se la puso en la mejilla - Si no eres capaz de ser más cortés, yo mismo te dibujaré una sonrisa en la cara.

Lilly notó un pequeño hilo de sangre correr por la comisura de sus labios, pero no se movió ni dijo nada. La taberna entera parecía contener la respiración, unos rezaban mientras otros espectaban la escena preguntándose qué sucedería.

- Aparta eso de mi cara.

- ¡¿CÓMO DIC...?!

Un ruido sordo llenó la taberna cuando el cuerpo del soldado cayó al suelo completamente inerte.

- ¡Maldita sea! - Tom, el tabernero, salió corriendo de la cocina y se agachó sobre el soldado - Lilly... lo has matado.

Lilly suspiró y se sentó en la silla en la que había estado el soldado. Todos en la taberna comenzaron a salir, dejando sus platos y sus bebidas frías sobre las mesas, temerosos de salir inculpados ante lo que habían presenciado.

- No pretendía matarle. Iba a matarme Tom, todos lo han visto...

- ¡No digas estupideces! Nadie va a testificar por ti y ellos no van a escuchar ni una palabra de lo que diga la gente de este pueblo, nadie podrá defenderte, tienes que irte de aquí ahora mismo - Se dirigió hacia la barra y abrió el armario de las especias, sacó todos los frascos y apartó una segunda tablilla, donde guardaba una bolsita de cuero. La cogió y volvió hacia donde estaba Lilly dejándole la bolsa en la mano - Llévate esto, no es mucho, pero te servirá para llegar hasta la próxima villa.

- No pienso dejarte.

- Esto no tardará en llenarse de soldados... ¡Y no voy a dejar que mi única hija muera a manos de esas bestias!

Lilly abrazó al viejo tabernero, una lágrima bajó por su mejilla pasando por el corte y produciéndole escozor. Tom la había acogido y protegido desde hacía 6 años cuando le ofreció trabajar en la taberna a cambio de alojamiento y comida, le profesaba cariño y respeto, pues era un buen hombre y había sido como un padre para ella.

- ¡Lilly, vete!

Con el corazón encogido, se dirigió a la puerta, le miró una última vez, y se fue.

Tres días más tarde Lilly se encontraba en la villa portuaria de Urden, en una pequeña habitación de una posada que podría costearse por 4 días si no encontraba un trabajo. Tom murió en la horca, acusado por homicidio contra el Imperio.

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